El "cine negro" estadounidense de los años 40 y 50 es, sin duda, uno de los momentos estelares de la historia del séptimo arte. No sólo forjó alguno de los grandes mitos de la pantalla (Bogart, por ejemplo); además mostró al mundo la cara más pesimista de una época difícil y llena de sombras. Kubrick eligió a Sterling Hayden para protagonizar una historia con todos los tópicos del género (mujer fatal, policía corrupto, expresidiario condenado al fracaso,...) pero con una técnica narrativa relativamente nueva en el cine americano (aunque no en el japonés -el caso de Rashomon, 1950-). Era ya su tercera película, con apenas 29 años, la primera con producción de James B. Harris, y es probablemente una de las que mejor soporta el paso de los años.



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