A Kubrick no le gustó mucho que el sueldo de Jack Nicholson en esta película fuera superior al suyo; a Stephen King no le hicieron ninguna gracia los cambios introducidos por el director sobre su novela original; a la actriz Shelley Duvall (una persona clave, por cierto, en la carrera de Tim Burton) le parecieron unos meses de tortura insufrible los que tuvo que soportar a las órdenes del maestro,...  Al público, en cambio, le gustó bastante esta historia que es, sin duda, la más mediocre de las superproducciones del director neoyorkino. Por otro lado, es notable la huella que ha dejado sobre cinestas de medio mundo, a quienes descubrió desde las posibilidades dramáticas de la música culta contemporánea hasta una forma nueva de usar la steadycam