Publicidad:
Terra
La Coctelera

Buen verano

Nos vamos de vacaciones. Hasta septiembre

Las películas que quisimos pero no pudimos ver son los últimos enlaces de esta página (801-812). Mientras dure. Y las que vimos que no quedaron documentadas por razones diversas son: Sueños, de Kurosawa, una seleción de cortos del Festival Mecal y el documental Bacon's Arena

 ...acabamos las sesiones de "los lunes al cine" 2008/9.  Muchas gracias a todos.                                                                       Si te gustaron, alegría, normal; si no, pena pequeña.                   Lo que sea que quisiste decir, si quieres, lo digas

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964)

 Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, título original, es -cómo no- una pieza excepcional en la filmografía de Kubrick. Lo es por tratarse de la única comedia explícita (de humor negro, por supuesto) de nuestro director, y también por ser la única ocasión en que repite con dos actores de primera fila: Sterling Hayden, el "héroe" de Atraco perfecto, y el polifacético Peter Sellers, el malvado Clare Quilty de Lolita. No están solos. En un entorno claustrofóbico Kubrick consigue explotar la vena esperpéntica de alguno de los mejores actores del momento, entre los que destaca George C. Scott.

 

 

 

Ran (1985)

Después de Kagemusha, Kurosawa se sentía en plena forma, así que, a sus casi 75 años, se embarcó en la que iba a ser la película más ambiciosa de su larga carrera. No iba a ser fácil. A los problemas económicos y logísticos de todo tipo iba a sumarse la muerte de gente muy importante de su esfera profesional y familiar (viejos colaboradores como Ryo Kuze, coreógrafo de las escenas de lucha con espadas, o Fumio Yanoguchi, técnico de sonido, pero también, y aún peor, Yoko, su mujer). Kurosawa se aferró al proyecto para no perder la cordura y consiguió finalizar la que para muchos es su obra cumbre.  A pesar de su tono testamentario, de un claro carácter autobiográfico, Kurosawa todavía conseguiría filmar tres largometrajes más. Siguiendo la estela de Kagemusha en la producción y la ambientación, y la de Trono de sangre en la temática (también una adaptación de Shakespeare), Ran es una fiesta irrepetible para los ojos y una inolvidable tragedia de alcance universal.

 

Lolita (1962)

A quien tenga fresca la lectura de la novela, la Lolita de Stanley Kubrick puede decepcionarle profundamente. La novela de Nabokov, sencillamente, no cabe en dos horas y media de película; las escenas eróticas han desaparecido, y Sue Lyon es demasiado mayor para el papel (15 años en el momento del rodaje).  Sin embargo, la adaptación cinematográfica  de Kubrick (con la ayuda del propio novelista, que figura en exclusiva en los títulos de crédito) es una obra de madurez, con unos espléndidos Peter Sellers y Shelley Winters, entre otros, y una fotografía impecable.

 

 

Rashomon (1950)

León de oro en Venecia en 1951 y Oscar honorario en 1952, Rashomon es una película clave en la historia del cine. Abrió las puertas al cine japonés en Occidente, supuso el reconocimiento mundial de Kurosawa y del actor Toshiro Mifune, y brindó al espectador internacional una historia exótica a partir de un complejo guión cuya influencia puede apreciarse en películas como Atraco perfecto o Reservoir Dogs.

Un chien andalou (1929) - Le Fantôme de la liberté (1974)

Este lunes, surrealismo con ñ de Buñuel, el director de cine más importante de Aragón.

Nunca una ópera prima cinematográfica levantó tanto revuelo.                  Dalí y Buñuel escribieron un guión-ventilador (dos, con LÂge d'or, 1930) que aireó tanto como agitó las bullentes aguas del arte moderno.

Buñuel empezaba así su carrera de cineasta, después de tantear la de poeta o la de boxeador. Dalí aún no sabía que iba a convertirse en la primera estrella del pop.

En su penúltimo film, Le Fantôme de la liberté, Buñuel forja mano a mano con Jean-Claude Carrière una historia que conserva el delirio de la escritura automática y una cierta fidelidad al anhelo de libertad que abrasa a todas las generaciones.

 

Suñuelismo (desde "Un perro andaluz" hasta "El fantasma de la libertad")

 

 

El surrealismo fue, ante todo, una especie de llamada que oyeron aquí y allí, en los Estados Unidos, en Alemania, en España o en Yugoslavia, ciertas personas que utilizaban ya una forma de expresión instintiva e irracional, incluso antes de conocerse unos a otros. (p. 105)

UN CHIEN ANDALOU (1929)

Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa y, al llegar a Figueras, yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él a su vez me dijo que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas. Y añadió: "Y si, partiendo de esto hiciéramos una película?" (pp. 102-3)

Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. (...) No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué.    (p. 103)

EL FANTASMA DE LA LIBERTAD (Le Fantôme de la liberté, 1974)

Este nuevo título, ya presente en una frase de La Vía Láctea ("vuestra libertad no es más que un fantasma"), quería representar un homenaje a Kart Marx, a "ese espectro que recorre Europa y que se llama comunismo", al principio del Manifiesto. (...)     

Pensando ahora en ello, me parece que la Vía Láctea, El discreto encanto de la burguesía y El fantasma de la libertad, que nacieron de tres guiones originales, forman una especie de trilogía. (...)  Hablan de la búsqueda de la verdad, que es preciso huir en cuanto cree uno haberla encontrado, del implacable ritual social. Hablan de la búsqueda indispensable, de la moral personal, del misterio que es necesario respetar. (p. 242)                    

 

                                                                                                                                                                                                                                   LUIS  BUÑUEL, Mi último suspiro, Barcelona, Plaza & Janés, 1982

 

The Killing (Atraco perfecto, 1956)

El "cine negro" estadounidense de los años 40 y 50 es, sin duda, uno de los momentos estelares de la historia del séptimo arte. No sólo forjó alguno de los grandes mitos de la pantalla (Bogart, por ejemplo); además mostró al mundo la cara más pesimista de una época difícil y llena de sombras.                                                       Kubrick eligió a Sterling Hayden para protagonizar una historia con todos los tópicos del género (mujer fatal, policía corrupto, expresidiario condenado al fracaso,...) pero con una técnica narrativa relativamente nueva en el cine americano (aunque no en el japonés -el caso de Rashomon, 1950-). Era ya su tercera película, con apenas 29 años, la primera con producción de James B. Harris, y es probablemente una de las que mejor soporta el paso de los años.