El surrealismo fue, ante todo, una especie de llamada que oyeron aquí y allí, en los Estados Unidos, en Alemania, en España o en Yugoslavia, ciertas personas que utilizaban ya una forma de expresión instintiva e irracional, incluso antes de conocerse unos a otros. (p. 105)
UN CHIEN ANDALOU (1929)
Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa y, al llegar a Figueras, yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él a su vez me dijo que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas. Y añadió: "Y si, partiendo de esto hiciéramos una película?" (pp. 102-3)
Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. (...) No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué. (p. 103)
EL FANTASMA DE LA LIBERTAD (Le Fantôme de la liberté, 1974)
Este nuevo título, ya presente en una frase de La Vía Láctea ("vuestra libertad no es más que un fantasma"), quería representar un homenaje a Kart Marx, a "ese espectro que recorre Europa y que se llama comunismo", al principio del Manifiesto. (...)
Pensando ahora en ello, me parece que la Vía Láctea, El discreto encanto de la burguesía y El fantasma de la libertad, que nacieron de tres guiones originales, forman una especie de trilogía. (...) Hablan de la búsqueda de la verdad, que es preciso huir en cuanto cree uno haberla encontrado, del implacable ritual social. Hablan de la búsqueda indispensable, de la moral personal, del misterio que es necesario respetar. (p. 242)
LUIS BUÑUEL, Mi último suspiro, Barcelona, Plaza & Janés, 1982